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27.5.13

EL CUERPO DE GUARDAS FORESTALES


PLACA GENÉRICA DE AGENTE FORESTAL

La ley de Montes de Junio del año 1957 dió luz verde a la creación de los primeros cuerpos de Guardas Forestales en España. Dependiendo de la Administración central del Estado, son distribuidos por todo el territorio rural del país. Hasta entonces la vigilancia recaía, además de en la Guardia Civil y antes en otras policías de seguridad, en los Guardas Municipales de Campo, así como en los Guardas Particulares de Campo, jurados y no jurados. Los Guardas Forestales, en el ejercicio de sus funciones, estaban considerados como agentes de la autoridad, condición que siguen manteniendo actualmente, portaban distintivos propios de su cargo y llevaban armas de fuego debidamente reglamentadas.

Esta situación se mantiene hasta mediados de la década de 1980-1990, cuando la Administración central cede paulatinamente a las Comunidades Autónomas, importantes parcelas de gestión en las competencias sobre agricultura y medio ambiente. A partir de ese momento hay que diferenciar dos clases de Guardas Forestales. Por un lado estarán los pertenecientes a la Administración central del Estado, integrados en la Dirección General de Conservación de la Naturaleza y Parques Nacionales (ICONA), los cuales se despliegan únicamente en las reservas de los parques nacionales. Por el otro lado están los guardas de las Comunidades Autónomas o los de las Diputaciones Provinciales, cuyo nombre varía en función de cada territorio, quienes actúan en los montes, ríos y demás zonas rurales sean parques naturales o no, pero no declaradas como parques nacionales.

Las funciones que, en líneas generales, realizan los distintos cuerpos de Guardas Forestales, tanto de unas Administraciones públicas como de otras, son las de la vigilancia para la protección de la naturaleza y el medio ambiente rural, evitando vertidos tóxicos en ríos, mares, montes y campos, incendios de bosques y cualquier otra infracción administrativa o penal recogida en las leyes. Igualmente colaboran en la investigación de las causas y el esclarecimiento de estos hechos, con las policías estatales, autonómicas y locales, especialmente con el Servicio de Protección de la Naturaleza (SEPRONA) de la Guardia Civil, único cuerpo español y europeo de entidad mas o menos integral que cuenta con una sección dedicada a labores de policía ecológica y medioambiental, que además fué el primero en el mundo en crear tal especialidad.

Dentro de la primera condición exigida para ser policías específicas, los Guardas Forestales no cuentan con funciones definidas que puedan encajar con corrección dentro del concepto de seguridad ciudadana. Ahora bien, sí tienen una cierta competencia parcial en la protección de las personas y sus bienes, que enlaza con nuestra idea de la seguridad ciudadana.

En efecto, aunque la seguridad que ofrecen estos cuerpos forestales se halla circunscrita casi en exclusividad a la salvaguarda del medio ambiente, afecta en parte a la protección de las personas y puede hacerlo también a sus bienes privados. La afirmación se constata, primeramente, porque los bienes que los cuerpos de Guardas Forestales protegen de cualquier agresión, delictiva o no, son bienes públicos al ser el medio ambiente y la naturaleza un patrimonio de todos los ciudadanos. Asimismo se constata porque la vigilancia para impedir tales hechos, va destinada también a evitar desgracias personales a la población rural y a sus fincas, casas y demás propiedades personales, así como las de los posibles visitantes y excursionistas ocasionales.

EMBLEMAS DE GUARDAS RURALES VASCOS
Por sí sola, ésta competencia parcial en la seguridad ciu-dadana basta para cumplir el primero de los requisitos de una policía específica. Pero es que los Guardas Forestales, como ya hemos dicho al hablar de sus funciones, colaboran en la investigación criminal. La legalidad que sostiene la colaboración se fundamenta en el art. 283 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, donde en su punto 6º dice que también constituirán la policía judicial "Los guardas de montes, campos y sembrados, jurados o confirmados por la Administración". A pesar de que dicho artículo no pone límite alguno a la clase de delitos que pueden investigar los guardas, en la práctica solo intervienen en los delitos contra los recursos naturales y el medio ambiente, haciéndolo además en el marco restrictivo de lo que se denomina policía judicial a prevención o de primera fase, expresión ésta última utilizada por Josep Queralt y Elena Jiménez en su libro titulado Manual de Policía Judicial. Es decir, los guardas aprehenderán a los autores y asegurarán las pruebas y los instrumentos del delito, hasta la llegada del cuerpo policial que definitivamente se hará cargo del asunto.

La colaboración en el esclarecimiento de los delitos ecológicos ante los que se encuentren los guardas, se puede extender a las tomas de muestras de vertidos ilegales, su análisis posterior siempre y cuando ese cuerpo de Guardas Forestales tenga medios técnicos para su realización, y la elaboración de un informe que se adjuntará al atestado policial que instruya el cuerpo policial encargado de la investigación.

Por otra parte y tan sólo por hacer alguna mención al concepto de orden público, es claro que en él no inciden para nada estos cuerpos al carecer de competencias en la materia.
Dejando ya el primer requisito que estamos exigiendo a todos los cuerpos policiales estudiados, a fin de darles consideración de policía específica, comprobemos a continuación si el segundo también se satisface, para lo cual debemos encontrar una supeditación a una policía de espíritu integral.

La supeditación requerida resulta muy evidente para llevar a la práctica la función parcial de seguridad ciudadana, dado que no se concibe una eficaz intervención policial cuando aquella se vulnera y se quiere restaurar, sin que en todo ello participe con un destacado papel la Guardia Civil o, en su defecto, una policía autonómica e, incluso, una policía local. Esto viene a significar, que la dependencia a la que se ven sometidos los diversos cuerpos de Guardas Forestales para el cumplimiento de sus funciones, puede alcanzar hasta otra policía específica, principal o secundaria, de la cual también dependen. Idéntica cuestión sucede con la investigación criminal, pero en éste supuesto la supeditación es todavía mucho más acentuada.

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