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30.4.13

POLICIA DE SEGURIDAD

Hemos hablado en anteriores post sobre las tres características históricas de la policía y cómo, al permanecer casi inalterables desde los orígenes de aquella, han condicionando de manera importante el desarrollo histórico del modelo policial español.
Ahora vamos a ver una de las consecuencias mas reseñables de ellas, que fué la provocación, en el enorme espectro policial, de la existencia de dos grandes géneros de policía que aún siguen vigentes y que, en la actualidad, podriamos denominar como la integral y la específica.
De las tres características históricas, quizá sea la multliplicidad de cuerpos la mas influyente para que se produzcan esos dos géneros, sin olvidar, desde luego, la importancia que siempre tiene la dependencia de la orientación política en cualquier cosa que afecte a la policía.

Veremos pues, cómo las policías integrales son cuerpos autónomos, operativamente hablando, que no necesitan de otros para cumplir con sus objetivos y cuya labor se halla muy centrada en lo que hemos llamado policía de seguridad. Son entidades generalmente grandes, con un territorio geográfico extenso, amplias competencias y más dotadas de recursos humanos y materiales que las específicas.
Por el contrario, las policías específicas nacen al amparo de una necesidad concreta de seguridad o de regulación, a la cual procura la Administración que se limiten, necesitando incluso en ocasiones la ayuda y el apoyo de las policías integrales para poder cumplir su misión. A éstos cuerpos, además, se les da en algunos aspectos un carácter de colaborador de las policías integrales, en una clara intencionalidad de subordinación hacia ellas.
Finalmente parece indicado comentar, que mientras sí es posible establecer que el concepto tradicional de policía general ha derivado en el actual de policía integral, por lo que sería posible emplear indistintamente un término u otro al referirse a éste tipo de policía, no ocurre lo mismo con los de policía especial y policía específica. Esta falta de sintonía conceptual, se debe a que la expresión de policía especial ha permanecido asociada siempre a la función de policía administrativa, sin que el paso de los años la haya hecho variar, quedando así ambas como sinónimos.

Aparece así un nuevo concepto, el de policía específica, cuyos cuerpos sin embargo, pese a estar más lastrados con funciones de policía administrativa que los integrales, han jugado también un importante papel como policías de seguridad y han dispuesto, por ello, de competencias en tal materia. De éste modo, podemos observar cómo las policías específicas no reducen toda su actividad a ejercer un mero control administrativo y desempeñan, como es sabido, notables funciones en la seguridad de las personas y sus bienes.

28.4.13

MILITARIZACION POLICIAL

Una razón que muy bien puede explicar la histórica milita-rización sufrida por la Policía, es el vigoroso control que el poder político puede imponer a cualquier organización fuertemente jerarquizada y disciplinada bajo una fórmula militar. Tampoco podemos desdeñar la opinión manifestada por Manuel Mallol Ballbé (1983) en su obra "Orden Público y Militarismo en la España Constitucional", en el sentido de que la militarización de la policía en nuestro país ha sido debida, en gran parte, a la debilidad histórica de la estructura civil española. Esta debilidad es manifiesta al repasar la historia de nuestro país, en la que parece que cualquier iniciativa política no podía llegar a buen fin si no estaba tutelada por los militares.

No obstante y en descargo de lo anterior, también hay que tener en cuenta que dentro de un concepto de seguridad global, tal y como era entendida ésta antiguamente, no se concebía ninguna diferenciación entre la amenaza de un enemigo exterior contra el territorio propio, y la que representaba el comportamiento antisocial de algunos de sus propios habitantes. Este pensamiento se mantuvo vigente durante muchos siglos y, en España, algunos ejemplos de él quedan patentes en numerosas órdenes y decretos reales, así como en las Ordenanzas Militares del 22 de Octubre de 1768 e incluso en la Constitución de 1812, donde el art. 356 de ésta asigna paralelamente al ejército la defensa exterior del Estado y la conservación del orden interior, además de en leyes expresas como la Ley de 17 de Abril de 1821 o la Ley Constitutiva del Ejército de 29 de Noviembre de 1878 en la que se afirmaba que debía defender la patria de los enemigos interiores.
Por tal motivo, el empleo de las fuerzas garantes de la defensa exterior, compuestas en principio por guerreros que no formaban un ejército regular, con fines policiales para combatir el problema delincuencial, representado en especial por los bandoleros y asaltantes de caminos, era algo admitido sin especiales reparos y que se generalizó en todas las comunidades humanas, otorgándose en la práctica al ejército, o fuerza armada del momento encargada de la defensa de la comunidad, toda la competencia policial necesaria para el mantenimiento del orden interno establecido y, de paso, la protección de las personas y sus propiedades.
Pudiera pensarse que finalizada la Edad Media y a partir de la Edad Moderna, con la creación de un ejército nacional cada vez más permanente (hasta entonces los ejércitos eran creados y disueltos en función de las contiendas que se presentaban), así como con la aparición de los primeros grupos armados dedicados, teóricamente, al mantenimiento del orden y la seguridad interna del Estado, el ejército debiera comenzar lenta y paulatinamente a abandonar su faceta policial, al menos en aquellas zonas donde tales cuerpos se desplegaban. Sin embargo ello no fue así y las tropas militares continuaron interviniendo más o menos en la misma medida a como lo venían haciendo hasta entonces. Es más, su influencia en el terreno policial aumentó, penetrando en las estructuras de los cuerpos que se iban creando, lo que supuso que pasara a desempeñar un papel importante y permanente en la actividad de la policía. Desde entonces el ejército ha dejado su impronta en todos los cuerpos policiales, que de alguna manera continúan manteniendo ciertas connotaciones de carácter militar.

En efecto, los incipientes cuerpos policiales estaban, en gran parte, formados e incluso dirigidos por miembros de las fuerzas militares, quienes gozaron siempre de preferencia para ocupar los puestos que se generaban y cuyos mandos pasaban a integrarse en aquellos con facilidad, en virtud de su experiencia y relación con las armas y artes defensivas. Ello no solamente no redujo el peso del ejército sobre la policía, si no que contribuyó a asentarlo definitivamente en conductas, códigos, estructuras y jerarquías militares, que perduraron durante muchos años y de las que aún hoy quedan bastantes huellas.
La incidencia castrense en el aparato policial español solo empezó a declinar en 1824, con la aprobación de la Real Cédula del 13 de Enero. En ella se creaba la Superintendencia General de Policía, órgano al cual se encomendaba la seguridad interior del país, apartando al ejército de tal cometido. Sin embargo y a pesar de haberse iniciado el declive histórico del sistema militar en la esfera policial española, sus tropas mantuvieron un notable y largo protagonismo policial, actuando en tal sentido en numerosas ocasiones. Sus intervenciones se hallaban ligadas, casi siempre, a reprimir las revueltas populares y las graves alteraciones del orden público que salpicaron los distintos periodos históricos, principalmente cuando las débiles fuerzas policiales de la época se veían desbordadas por los desórdenes producidos y no eran suficientes para controlarlos. Prueba evidente de ello la podemos encontrar en el Decreto de 23 de Junio de 1813, sobre Instrucción para el Gobierno Político de las Provincias, donde se fijaba la posibilidad de que el Jefe Político, antecedente del Gobernador Civil y del cual se hablará en el Capítulo V, solicitara al mando militar de la zona la inter-vención de tropas del ejército en auxilio de los cuerpos policiales, a fin de restablecer el orden público alterado.
De todo lo anterior puede deducirse, que la militarización inicial de la policía era inevitable desde el momento en el que ésta nacía en el seno del propio ejército, siendo su inmediata consecuencia la de que se iban a trasladar a ella sus marciales valores y sus técnicas de funcionamiento interno, así como las formas de corte militar empleadas para combatir la delincuencia y el estilo en las relaciones de sus miembros con los ciudadanos. A éste respecto cabe destacar, que una de las repercusiones más notables supuso que, ante determinados conflictos, fuesen juzgados por tribunales castrenses aquellos ciudadanos que ofreciesen resistencia grave. Además, fundados ya los primeros cuerpos, no hubo una preocupación real y seria desde el poder, en reducir ese espíritu militar que los envolvía. De hecho, la misma creación de todos ellos estaba mucho mas motivada por la necesidad de no sustraer las tropas empeñadas en las sucesivas guerras, que en dotar intencionadamente a la sociedad de un órgano civil de seguridad pública.

Pasados los años, el mismo poder civil acabó interiorizando y convenciéndose de la necesidad del militarismo en la policía, tal y como lo demuestra, a modo de ejemplo, la exposición de motivos del Real Decreto de 6 de Noviembre de 1877 de organización de la Policía Gubernativa, redactado por el Ministro de Gobernación, Francisco Romero y Robledo, en donde se decía que "es preferible en este punto lo existente, porque la experiencia y la razón de consumo han venido a demostrar que un cuerpo de empleados organizado bajo un régimen mixto, entre militar y civil, es un término medio muy aceptable entre un cuerpo de paisanos con organización completamente civil y un batallón de soldados especiales sujetos a la ordenanza y gozando del fuero de guerra, porque los simples paisanos son generalmente descuidados y flojos, no tienen nunca bastante unidad de acción y no saben someterse a rigurosa disciplina, mientras que los verdaderos soldados, por la rígida severidad de la ordenanza, carecen de cierta flexibilidad que se necesita para estar a toda hora en contacto inmediato con el pueblo".
Por consiguiente, éste dominio militar adquirió su propio impulso, alentado por los mismos dirigentes políticos, que mas o menos duraría en occidente hasta bien entrado el siglo XX y que, además, pasó por periodos de mayor acentuación cuando al frente de los Gobiernos se hallaron miembros de las fuerzas armadas, circunstancia ésta bastante repetida en muchos países a lo largo de su historia. Tal impulso solo comenzó a suavizarse en Europa a partir de la segunda mitad del último siglo, hasta llegar a la situación actual. A éste respecto, es significativo que sean los países con menos tradición democrática los que tengan más militarizada a su policía, tal y como lo describe Valriberas Sanz (1999) en "Cuerpo Nacional de Policía y sistema policial español", cuando dice que "sólo en países donde la democracia no está arraigada es donde existe menos diferencias entre policías y soldados, e incluso donde las fuerzas policiales cuentan con potentes medios de combate, como ocurre con algunos países latinoamericanos" (pág.149). En España no se alcanzó la separación del ejército de la seguridad interna hasta la aprobación de la Constitución de 1978.
En cualquier caso, el fenómeno de la militarización de los cuerpos policiales y de la sociedad en general, no ha sido algo exclusivo de la policía y la sociedad españolas, habiéndose producido de forma similar en otros países del mundo, al menos en ciertos periodos históricos. Los Estados bajo la influencia anglosajona los han sufrido en menor grado, quizá en gran parte debido a la aplicación de la doctrina de Lord Mansfield, jurista inglés que en 1780 y con motivo de los graves disturbios acaecidos en Londres, que obligaron a la intervención del ejército británico, logró imponer su criterio para que los culpables de tales hechos que se enfrentaron a las tropas reales, fueran juzgados por tribunales ordinarios y no por consejos de guerra militares. Con el transcurso del tiempo, la doctrina Mansfield supuso condicionar la intervención del ejército al previo requerimiento de las autoridades civiles, así como también vino a motivar la creación de una fuerza civil de policía.

Haciendo un paralelismo de los disturbios de Londres en 1780, con los producidos en Madrid en 1766 y conocidos bajo el nombre del Motín de Esquilache, apreciamos que aquí no surge nada parecido a la tesis de Mansfield. Todo lo contrario, las reformas emprendidas por Carlos III a partir de tales desórdenes se encaminaron a profundizar y extender la militarización de la Administración, en detrimento del poder civil. Con éste planteamiento vemos cómo, en las Ordenanzas Militares de 1768, se permitía aplicar la jurisdicción militar a los civiles que infringieran algunos preceptos de ellas. Asimismo, en la Pragmática de 1774 se equiparan las concentraciones y manifestaciones a las asonadas o sublevaciones, a las cuales las tropas militares se encargarían de hacer frente. Por último y dentro de las reformas citadas, un Real Decreto de 1783 recogía el delito de resistencia a fuerza armada, por el que se juzgada a su autor, civil o no, por la justicia militar. Por lo tanto, los divergentes caminos emprendidos en cada uno de los dos Estados para organizar su Administración, determinaron la mayor o menor militarización de sus futuros cuerpos policiales, que en el caso español fue muy superior al ingles. Este fenómeno se hizo extensivo a las colonias y países sometidos a sus influencias y, por ende, a sus respectivas fuerzas de policía.
Otra consecuencia más de la utilización del ejercito en el ámbito policial, fue que proyectó más confusión en la delimitación de las funciones de los distintos cuerpos que se iban creando y en el concepto social de la policía, a la que la población identificaba como una extensión más del entramado militar. Igualmente, su presencia actuó siempre como un freno en el desarrollo de todos los cuerpos, dado que la clase política siempre fue consciente de que disponía del ejercito como alternativa para resolver cualquier conflicto, lo cual privó a la policía de los medios necesarios para un crecimiento de mayor rapidez.
No es ningún error asegurar que ésta continua influencia de lo militar en la policía, sigue siendo hoy en día perceptible en muchos de sus aspectos, que van desde sus emblemas, distintivos de mando y uniformidad en general, hasta la estructura y composición de sus plantillas e incluso el carácter legal que define a algunos cuerpos, como son los casos de la naturaleza militar de la Guardia Civil española, la Gendarmería francesa o los Carabinieri italianos, por citar algunos de los países democráticos. Todo esto nos lleva a la conclusión final, de que la desmilitarización de la policía sigue siendo, todavía, un hecho no resuelto y que resultará imposible de resolver en su totalidad, porque todos los cuerpos, sin excepción, conservan en su interior una parte de la cultura militar que se ha transformado en cultura policial y es ya algo intrínseco a ella.

Mantener esa cultura policial, derivada de la militar, en aspectos estéticos de uniformidad, saludo, etc., o en aspectos de disciplina interna, no implica que un cuerpo esté militarizado. Debemos distinguir entre la cultura militar de un cuerpo y lo que es su militarización. Ambas cosas no son lo mismo y no deben confundirse, pues entre las dos hay un espacio importante de separación. La cultura policial ha absorbido parte de la militar y, tras el largo proceso de interiorización, se ha convertido en algo necesario para su adecuado funcionamiento al tratarse de un instituto armado, pero éste puede perfectamente ser de naturaleza civil y contar con ese factor cultural. Para que un cuerpo de policía tenga la propiedad de militarizado, se tienen que dar dos condiciones: La primera es que se halle encuadrado orgánicamente en el ejército, o bien exista un mecanismo oficializado de trasvase de miembros de éste al cuerpo policial. La segunda es que a sus componentes les sean de aplicación las normas o códigos de justicia militar. Cualquier servicio de policía que se encuentre fuera de estas dos condiciones no puede ser clasificado como militarizado, sino como civil.

27.4.13

MUCHA POLICIA

Analizando la forma en la que ha evolucionado la Administración, podemos encontrar como mínimo tres razones que nos explicarían el porqué en todos los países se han multiplicado, en un aparente exceso, los cuerpos de la policía en general, es decir, tanto en su vertiente de seguridad como en la administrativa o del bienestar.
Estas tres razones pueden ser nombradas como el desarrollo de las sociedades, la fragmentación territorial de la Administración y, finalmente, el crecimiento de las Administraciones públicas.
-El desarrollo de las sociedades: Desde la Antigüedad cada comunidad humana ha ido adoptando su propio sistema de seguridad, creando a tal fin los órganos encargados de velar por la paz y el orden en ella, hasta que esa comunidad era absorbida por otro conjunto social superior que los entremezclaba con los propios o los disolvía sin mas.

Así se fueron generando múltiples y variados grupos armados en cada nueva sociedad, a los que se les asignaba la tarea de mantener la seguridad interna en general, o el control de una parte específica de ella en particular, solapándose en ocasiones los unos a los otros al no estar bien definidos los ámbitos competenciales de todos. Para complicar esto un poco más, por diversas causas a veces reaparecían algunos cuerpos que habían sido disueltos anteriormente, los cuales podían ser adaptados a los nuevos tiempos e integrados después en el aparato policial del momento, o bien se rediseñaba éste para dar otra vez cabida a los nuevos cuerpos restituidos.
-La fragmentación territorial de la Administración: Otro motivo que desde las épocas mas remotas ha propiciado la formación de nuevos cuerpos de policía, ha sido la continua fragmentación en territorios menores, de las distintas clases de agrupaciones en las que se han organizado las comunidades de personas y que, mas tarde, dieron origen a los actuales modelos de Estado, pero que siguieron, y siguen también, manteniendo todos alguna forma de fragmentación.
Efectivamente, ésta división territorial ha estado presente en todos los periodos históricos que hemos visto en el anterior capítulo, aunque es lógico pensar que su intensidad haya sido variable en el tiempo. Básicamente se puede hablar de la existencia de tres niveles distintos y fundamentales, que se representan hoy en día en el municipal o local, el regional o autonómico y el central.
Con el transcurrir de los años, cada uno de los fracciona-mientos territoriales fue conquistando sus cotas de poder y ampliando sus competencias, desplegando para la gestión de ellas su propio sistema público de Administración que, poco a poco, iba a ir perfeccionándose. Esto hizo necesario que dispusieran de una fuerza policial a sus órdenes, destinada a vigilar y controlar el cumplimiento de las normas que dictaban, pero cuyos cometidos aumentaban o disminuían en función del poder que obtuviera en cada momento la Administración del territorio del que dependían.

-El crecimiento de las Administraciones públicas: Por otra parte tampoco debemos de olvidar, que otra importante razón que también ha contribuido notablemente a la proliferación de cuerpos o entidades con funciones de policía, ha sido el continuo e incesante crecimiento de las Administraciones públicas pertenecientes a cada nivel territorial, sin excepción, que han ido produciendo en ellas numerosas áreas o especialidades, consideradas de necesidad por sus responsables políticos, para así atender correctamente a los intereses de los ciudadanos y de las cuales también se mantiene el pensamiento de que son imprescindibles para una acertada gestión pública.
Ello ha supuesto la implantación, con el paso del tiempo, de mas órganos de control con facultades preventivas e inspectoras. Algunos de esos nuevos órganos recibieron varias funciones de policía de seguridad sólo de forma específica, funciones que combinaban con otras de policía administrativa y que prevalecían en número. El resto de los que se crearon fueron destinados solamente a concretas tareas de policía administrativa. El resultado final fue, y lo sigue siendo, la escenificación de dos ámbitos de actuación policial, uno de seguridad y otro administrativo.

En el ámbito más relacionado con la seguridad tendríamos, además de las policías generales o de seguridad, a una amalgama de entidades que irían desde la mas sencilla de todas, los antiguos y ya casi extinguidos cuerpos de vigilantes nocturnos, conocidos popularmente como serenos, hasta la mas avanzada del Servicio de Vigilancia Aduanera, pasando antes por los guardas de montes o policías forales del medio ambiente y los funcionarios de prisiones de Instituciones Penitenciarias, entre otros.
En el segundo ámbito, es decir, con funciones sólo de policía administrativa, estarían encuadrados los inspectores y subinspectores de trabajo y los de las haciendas fiscales, inspectores de sanidad, inspectores de obras, los vigilantes municipales de parques, jardines y mercados, vigilantes de aparcamientos regulados por ordenanza municipal, etc.
Evidentemente, ninguno de los citados en el segundo ámbito encaja en el modelo de una policía de seguridad, pero sí perfectamente en el de una policía administrativa, a la cual ya hemos definido en el capítulo anterior. Esta división en dos ámbitos de actuación de los nuevos órganos creados, marca una diferencia importante entre todos y nos servirá para distinguir, en el próximo capitulo, a las policías específicas de seguridad en contraposición a las policías estrictamente administrativas.
En cualquier caso, queda claro pues que la nutrida y compleja materia normativa, a regular por las distintas áreas en las que se articula cada ente administrativo territorial, provoca la necesidad en aquellas de autodotarse de un sistema para su control adecuado, ejercido a través de secciones o departamentos adscritos a las áreas citadas.

Sirvan para ilustrar esto algunos ejemplos existentes en la Administración central, donde tenemos que del Ministerio de Hacienda dependen los inspectores de la Agencia Tributaria y los funcionarios de Vigilancia Aduanera, éstos últimos con atribuciones en la investigación y persecución del contrabando, pero condicionados como colaboradores en ello con los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. El Ministerio del Interior tiene a su cargo a los funcionarios de prisiones pertenecientes a lo que hoy se llama Instituciones Penitenciarias. En el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social se halla la Inspección de Trabajo, con sus inspectores y subinspectores. El Ministerio de Defensa dispone de la Policía Militar y, en fin, lo mismo se repite en la mayoría de los ministerios restantes. Idéntica cuestión sucede en las Administraciones autonómicas y locales, aunque no procede citarlas aquí debido a la gran variedad de órganos con los que nos podemos encontrar.

Finalmente y para completar la enorme amplitud del abanico policial, se debe de hacer mención a las policías privadas de las empresas de seguridad, que aunque no forman parte de la Administración pública sí contribuyen cada vez con mayor intensidad a la seguridad interna del país. A ellas nos referiremos con más detalle más adelante, pero en cualquier caso hay que anticipar que la existencia y aumento de las empresas de seguridad es también un reflejo, en la esfera privada, de la multiplicidad incesante de cuerpos de policía a la que nos estamos refiriendo en éste apartado y que, además, nos plantea la cuestión de que si no fuera por ellas quizá se habría creado, ahora o en el futuro, algún otro cuerpo al cual se le asignara ese volumen de trabajo.

26.4.13

DEPENDENCIA POLITICA

La permanente dependencia que tiene la policía de la orien-tación política del momento, quizá sea su característica mas importante y de la que dependan las otras dos, ya que como es lógico, de la voluntad política depende prácticamente todo el conjunto de la sociedad y su proceso dinámico. Por lo tanto, es correcto afirmar que la policía, como todo lo demás, ha sido y será siempre lo que sus responsables políticos quieran que sea.
Tal afirmación no desvirtúa para nada la finalidad y el sentido que, de un modo objetivo e imparcial, ha de tener la policía en cada comunidad como servicio público, dado que la seguridad de las personas (policía de seguridad), así como muchas de las indispensables normas que reglamentan la actividad de los particulares en la sociedad (policía administrativa), son competencia de la Administración que, en definitiva, viene a representar a todos los ciudadanos.

Por ésta razón, no se debe pensar que la intervención del poder político sobre la policía sea un lastre del cual debamos desprendernos sin mas dilación. En éste sentido López Nieto indica que "parece normal que la comunidad política se encuentre revestida de poderes que le permitan hacer frente, con eficacia, a las posibles violaciones de que puedan ser objeto los derechos" (pág. 12). El problema se suscita cuando ese legítimo intervencionismo no se dirige hacia la obtención de una mayor eficacia en la institución policial, si no que es viciado con intereses de otro tipo y, a veces, muy ajenos al servicio público que se debe de dar, algo que por desgracia viene siendo harto frecuente en la clase política, según hemos comprobado en el anterior recorrido histórico, y de lo que, además, la policía aún no se encuentra totalmente a salvo.
Estas continuas ingerencias son también sufridas en su ámbito correspondiente, por otras instituciones y áreas de la Administración, pero es en la policía donde, a juicio de muchos, adquieren una mayor relevancia debido a tres destacados motivos:

-Primero a la enorme incidencia que tiene aquella en el tejido
social, a la hora de hacer cumplir las normas a todos los indi-
viduos. Esta influencia se acentúa con el margen discreccional
que dispone cada agente en los momentos de intervenir ante
las transgresiones. Esto permite al colectivo policial y a sus
responsables, realizar interpretaciones previas sobre los he-
chos en cuestión y establecer las medidas adecuadas, todo ello
sin vulnerar la legalidad pero eligiendo y adoptando una solu-
ción de entre varias. Tal discreccionalidad tiene un sentido
lógico y cumple una buena función, si se aplica con un rigor
estrictamente profesional y no inducido por ninguna otra cosa,
sin embargo puede ser aprovechada por el poder para proyec-
tar con ella su pensamiento político.
-Segundo a la facultad de hacer uso de la fuerza para el cum-
plimiento de los fines asignados, lo que revela así la princi-
pal diferencia existente entre la policía con los otros órga-
nos de la Administración y que se complementa con una depu-
rada técnica, que casi garantiza una efectiva realización de
lo ordenado. Todo ello bajo una disciplina paramilitar, alenta-
da secularmente desde la dirección política como ya veremos
después.
-Tercero al enorme poder de información que tiene la policía,
tanto la que obra en sus archivos como la que puede llegar a
averiguar, que representa un hábil instrumento para el manda-
tario político de turno.

Por otra parte, la vida de la policía ha estado siempre ligada a la sucesiva transformación de la Administración y al proceso evolutivo que ha llevado el perfeccionamiento de ésta. Por consiguiente resulta innegable la vinculación que ha existido y existe entre ambas, de tal modo que los cambios experimentados en la Administración pública afectarán también siempre a la policía. Esto la ha arrastrado a ser utilizada muchas veces como elemento al servicio del poder cuando la ocasión lo requería.
De esta manera vemos como ejemplo de tal relación, que si el Estado es centralista el diseño de la policía también lo es y si el poder se diluye entre sus entes territoriales el efecto producido es el contrario. Así mismo y por la misma razón, también se ven afectadas por la orientación política numerosas e importantes cuestiones, como el aumento o disminución del control sobre las normas legales o su mayor incidencia en algunas de ellas, la coordinación policial entre los distintos cuerpos, el mayor o menor desarrollo de cada uno de ellos, su unificación o desaparición, el nombramiento de sus principales mandos y la regulación de la carrera policial, las relaciones con los ciudadanos y los jueces, además de muchos mas aspectos que condicionan y determinan tanto al concepto y el sentido de la policía, como a todo su presente y futuro.
Así pues y a modo de resumen sobre ésta primera caracte-rística histórica, podemos decir sin incurrir en error alguno que el desarrollo de la policía y los continuos modelos adoptados, han dependido de la orientación política que haya dado a la sociedad el grupo dominante en cada momento histórico.

25.4.13

ORDEN Y SEGURIDAD

Antes de entrar a estudiar las tres características históricas de la policía, resulta necesario hablar de tres términos que a menudo se manejan indistintamente y sin mucha precisión, pero que tienen conceptos y contenidos distintos entre sí. Estos términos son los de orden público, seguridad ciudadana y seguridad pública.
No existe sobre los tres una diferenciación jurídica establecida de manera expresa, ni nos resulta de especial ayuda a su definición lo que dice la jurisprudencia constitucional al respecto. En éste mismo sentido, tampoco la doctrina es del todo unánime en las definiciones otorgadas a cada uno de ellos, por lo que las interpretaciones que aquí les vamos a dar son las que, en principio, a algunos nos parecen las mas acertadas.
Por lo tanto y para una mejor comprensión de las ideas que se pretenden transmitir con éste libro, en adelante aplicaremos a cada término el concepto que aquí le va a corresponder, con independencia de lo que otros autores puedan pensar. Solamente deberemos cambiar tales conceptos en los cargos y órganos policiales que llevaron dichos nombres, así como en las citas literales que se hagan de otros textos. Para estos casos el lector habrá de situarse en la época en la que fue nombrado el cargo, creado el órgano o escrita la cita, para entender su sentido real.

Orden público: Inspirándonos doctrinalmente en el trabajo de Lazúen Alcón, al hablar del término en su obra "Cuerpos de Policía y Seguridad Ciudadana en España", observamos que actualmente tienen coexistencia dos corrientes de pensamiento sobre su definición. La primera, denominada como metajurídica y siendo su mayor representante Otto Mayer, considera al orden público como "el buen orden de la comunidad" impuesto de una forma natural, a modo de una obligación o deber de todas las personas por el simple hecho de vivir en vecindad, pero sin que se establezca en qué consiste ese buen orden y qué conductas lo transgreden, ni se halle amparado en normas que lo regulen legalmente de una manera jurídica.
Frente a éste pensamiento, al que se le califica como habi-litador de injerencias del Estado en la esfera de la libertad de los individuos, a través de la policía, se opone la corriente de la juridicidad, representada principalmente por el italiano Ranelletti y el francés M. Hauriou. El primero consideraba, ya en el año 1908, al planteamiento matajurídico como una negación de las libertades individuales, al no estar en absoluto garantizadas por lo incierto de sus límites. Mas tarde, en 1927, el segundo matiza su concepto sobre el orden público afirmando que no se trata de un orden de tipo ideológico o moral, sino sencillamente de una situación exterior, fáctica, de paz ciudadana, añadiendo que el orden público ha de ser también un orden jurídico regulado por el Derecho, no un sistema moral e ideológico dejado al capricho interpretativo de la fuerza policial para su control, tal y como lo venía a establecer la idea metajurídica. Por lo tanto, el planteamiento de la juridicidad del orden público, reclama una regulación jurídica para él y lo aleja de cualquier vinculación interior de tipo moral, situándolo en un plano exterior y en relación con una normativa legal.

Presentadas éstas dos corrientes, parece que es la segunda de ellas la mas próxima a los planteamientos democráticos de un Estado de Derecho actual, ya que, entre otras cosas, en él no tienen cabida intervenciones policiales no ajustadas a unas reglas jurídicas previamente legalizadas.
Por otra parte, dejando ya de un lado a las cuestiones doctrinales, tenemos que las referencias hechas sobre el orden público en la historia del ordenamiento jurídico español, tampoco nos aportan una claridad suficiente que pueda definirnos el concepto. Sin embargo, hay dos cosas que podemos destacar de ese ordenamiento y que son:

-En primer lugar, las dos citas que hace la actual Constitución
de 1978 al orden público, no exentas de críticas, en el aparta-
do primero del art. 16 y en el segundo del art. 21, hacen re-
ferencia a las manifiestaciones externas, entendiendo como ta-
les a las expresiones públicas de sentimientos o de opciones
políticas mediante demostraciones colectivas. En efecto, el
art. 16.1 dice cuando habla de la libertad ideológica, religio-
sa y de culto, que ésta se garantiza sin mas limitación "en
sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento
del orden público protegido por la ley. Igualmente, el art.
21.2 al tratar sobre el derecho de reunión afirma que "En los
casos de reuniones en lugares de tránsito público y manifesta-
ciones" solo se podrán prohibir, "cuando existan razones fun-
dadas de alteración del orden público". Ambos artículos se ha-
llan recogidos en la sección primera del capítulo segundo, que
trata de los derechos fundamentales y las libertades públicas.
Todo esto nos marca una línea direccional del concepto de or-
den público, dirigida a relacionar éste con los actos de expre-
siones públicas en forma colectiva.
-En segundo lugar y aunque el Tribunal Constitucional no pro-
porciona ninguna definición, sí obtenemos de él dos sentencias
que nos ayudarán a delimitar el concepto en la misma direc-
ción ya señalada en el párrafo anterior. Efectivamente, la
sentencia del T.C. 19/1985, mantiene que "el respeto a los de-
rechos fundamentales y las libertades públicas garantizados
por la Constitución es un componente esencial del orden públi-
co". Así mismo, la sentencia del mismo Tribunal 5/1987 se po-
siciona diciendo que "tras la Constitución, la cláusula de or-
den público no puede encerrar otro interés que garantizar el
orden público de las libertades". Ambas sentencias relacionan
el término con las libertades públicas, de todos los ciudada-
nos, lo cual parece querer decir que, cuando esas libertades
se ejercen colectivamente y en la vía pública, pueden chocar
con las de otro colectivo distinto, situando al orden público
como el mecanismo necesario para conjugar los dos intereses
contrapuestos, de manera que así no se produzcan enfrenta-
mientos violentos entre ambos grupos. Esos enfrentamientos
muchas veces son calificados como disturbios, nombre que, co-
mo enseguida veremos, nos ayudará a ubicar al orden público
dentro de la seguridad ciudadana.

Además de éstas dos cuestiones comentadas, repasando el ordenamiento jurídico histórico apreciamos la Pragmática de Carlos III de 17 de Abril de 1774, que es considerada en opinión de algunos autores la primera ley de orden público en la historia española. Pues bien, analizando dicha Pragmática se ve en su espíritu una clara alusión más hacia los alborotos populares violentos provocados por multitudes, que hacia las infracciones de carácter general a modo individual. Igualmente, también se observa que históricamente ha existido una gran profusión de la expresión en los diversos textos legales hasta bien entrada la nueva época democrática. Ello es algo perfectamente observable desde la primera Constitución de 1812 en su art. 170, pasando por las leyes de 1821 y su ampliación en 1870, las relativas a la represión del anarquismo de 10 de Julio de 1894 y su reforma el 2 de Septiembre de 1896 e, incluso, de más de una expresa Ley de Orden Público, la última fue la 45/1959 y que se mantuvo todavía parcialmente en vigor hasta la aprobación de la Ley de Seguridad Ciudadana 1/1992. De entre toda esta extensa normativa quizá cabría destacar la Ley de
Orden Público de 1933 aprobada por la República y la de 1959 aprobada por el régimen franquista, pues en ellas se definía el concepto de forma muy parecida en el sentido de ser el normal funcionamiento de las instituciones del Estado y el libre y pacífico ejercicio de los derechos individuales, políticos y sociales reconocidos en las leyes.

A partir del restablecimiento del sistema democrático español, el término comienza a ser sustituido, pero sin llegar en nada a desaparecer, por los de seguridad ciudadana y seguridad pública. Un ejemplo de esto, muy ilustrativo, se observa en dos importantes normas legales de la Administración vasca. Así, mientras en el art. 17.1 del Estatuto de Autonomía del País Vasco, aprobado en Diciembre de 1979, se encomienda a la policía autónoma "la protección de las personas y bienes y el mantenimiento del orden público", en el art. 26.1 de la Ley de Policía del País Vasco, aprobada por el Parlamento de esa Comunidad Autónoma en Julio de 1992 y que desarrolla todas las funciones policiales en su territorio, se establece que su misión esencial será "proteger a las personas y bienes, garantizar el libre ejercicio de sus derechos y libertades y velar por la seguridad ciudadana". Vemos pues, como se ha eliminado con toda intención la expresión orden público y se ha reemplazado por la de seguridad ciudadana.
Buscando explicaciones a estos cambios terminológicos, nos encontramos con lo afirmado en 1981 López Nieto, en su libro "La seguridad ciudadana y su normativa legal", diciendo que "la expresión derecho a la seguridad es una expresión de contenido complejo, que ha cobrado actualidad en nuestra patria a raíz del advenimiento de un nuevo sistema político y que está intentando sustituir al anterior concepto de orden público, referido más bien a la potestad del Estado enderezada a garantizar la pacífica convivencia que al derecho que asiste a todo ciudadano a obtener, y hasta exigir, del propio Estado esa convivencia, derecho con el que se encuentra emparentada, en mayor grado aquella expresión" (pág. 11). También podemos aventurar la hipótesis de que como la expresión orden público se hallaba, evidentemente, cargada de tintes antidemocráticos procedentes de tiempos pasados, se quisiera modificar el concepto por otra mas acorde con los momentos actuales. A éste respecto cabe destacar, el papel jugado por el Tribunal de Orden Público durante la pasada dictadura del general Franco, el cual, desde su creación en 1963, contribuyó sobremanera a impopularizar la expre-sión.
Pero además de una razón de simple imagen, podemos pen-sar que el nuevo concepto social de la policía surgido en los primeros años democráticos, demandaba a ésta una seguridad mas global que también debía de proporcionar, es decir, se precisaba de una policía con más cometidos en la seguridad de las personas y sus bienes que los del mantenimiento de un orden público políticamente identificado con la dictadura, en definitiva una policía que no dejara de lado a otras importantes tareas de seguridad. Por tal motivo, también era necesario buscar un nuevo término, mas amplio que lo que representaba socialmente entonces el orden público, que contuviera a todas las funciones de seguridad que tenían que dar los cuerpos policiales.
Así las cosas, todo lo explicado parece situar hoy en día al concepto de orden público, como una parte de otra seguridad mayor y mas extensa que pasa a recibir el nombre de seguridad ciudadana. La vulneración de aquel se causaría por algaradas, desórdenes y hechos violentos provocados por grupos de personas, que comúnmente llamamos disturbios callejeros. Tal calificativo define a la especialidad de la policía destinada a combatir esos hechos delictivos y a la que nos referimos como la de antidisturbios, lo que nos sugiere que si la lucha contra las alteraciones del orden público se acomete a través de una especialidad mas, de entre las que componen el frente de actuación policial contra la delincuencia en general, no puede ser esa la función que contenga el amplio coSeguridad ciudadana: De todas las definiciones doctrinales que se hacen de la seguridad ciudadana, la que parece expresar con mas claridad su significado es la de Alonso Pérez en su libro "Seguridad Ciudadana". Este autor establece un doble concepto de ella, dividiéndolo en un sentido amplio y en otro estricto. En el primero la entiende como un estado de cosas creado en la sociedad, en el cual cualquier clase de peligro para el ciudadano no existe. El segundo lo considera como el conjunto de medios humanos y materiales, que los diferentes cuerpos policiales emplean para que los ciudadanos disfruten de sus derechos y libertades en paz y tranquilidad, conviviendo armónicamente entre todos los individuos.

Ampliando un poco las dos definiciones, podemos ver que en la primera caben toda clase de peligros, esto es, los causados por las propias personas y los que obedecen a causas naturales o catastróficas. Esto pondría a la seguridad ciudadana en una órbita en parte extrapolicial, al incluir también a otras instituciones de las áreas de protección civil. En el segundo concepto, el estricto, los peligros a los que se refiere son solo los provocados por las personas, mediante conductas contrarias a la ley y tipificadas previamente como delictivas, entrando así de lleno en una materia considerada estrictamente policial.
Llegados a éste punto, la pregunta es cuál de los dos planteamientos de Alonso Pérez define mejor el concepto y porqué. Para dar una respuesta fundamentada y no basada solo en impresiones personales y subjetivas,ncepto de la seguri-dad, si no sólo una parte de ella.
 tendremos que acudir, como en el caso del orden público, al ordenamiento jurídico en los textos legales.
La única mención que la Constitución de 1978 hace sobre la seguridad ciudadana, la encontramos en el párrafo primero del art. 104, al señalar que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad "tendrán como misión proteger el libre ejercicio de los derechos y libertades y garantizar la seguridad ciudadana". Esta referencia al término que hace la Carta Magna, parece circunscribirlo exclusivamente en el ámbito de la policía al ser él mismo parte de su misión encomendada.
Con respecto a la Ley de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad 2/1986, en su art. 11.1 que habla sobre las funciones de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, vuelve a repetir lo mismo que lo indicado en el art. 104.1 de la Constitución, ratificándolo en el apartado e) al manifestar "Mantener y restablecer, en su caso, el orden y la seguridad ciudadana". Por lo tanto, se aprecia cómo este texto enmarca igualmente a la seguridad ciudadana en la esfera policial.
Lo mismo sucede con la Ley de Policía del País Vasco 4/1992, en su art. 26.1 relativo a las funciones de dicha policía, tal y como ya se ha explicado al hablar sobre la locución orden público. Además, la circunstancia, claramente intencionada, de haber sustituido en esa ley el término que se recogía en el Estatuto de Autonomía, imprime en éste el idéntico sentido que le damos a aquella.
En la misma línea argumental tenemos a la Ley de Seguridad Ciudadana 1/1992, la cual basa casi todo su cumplimiento mediante la utilización de los diversos cuerpos de policía de seguridad españoles, aunque reserva algunas funciones a otros órganos de la Administración distintos de aquellos, pero en las que también participa la policía de algún modo. Sin embargo, ésta ley no define en ningún momento a la seguridad ciudadana, cosa que por su propio título cabría esperar, ni entra a diferenciar los tres conceptos en cuestión, por lo que tan solo nos aporta una referencia mas a tener en cuenta con las restantes que hemos ido viendo hasta ahora.
Por consiguiente, tras el estudio de las normas legales ex-puestas, no nos equivocamos al afirmar que de los dos conceptos de seguridad ciudadana aportados por el pensamiento de Alonso Pérez, es hacia el segundo de los expuestos, el que denomina como estricto, a donde parecen llevarnos las alusiones que sobre la expresión hacen los citados textos. Ello no es óbice, en absoluto, para que el término pueda ser utilizado en el sentido amplio, o bien sea empleado como sinónimo de seguridad pública, puesto que, como ya se ha repetido aquí en varias ocasiones, no hay una definición clara y precisa sobre los tres.
No obstante y como también se ha anunciado al comienzo de éste punto, a algunos nos parece mas correcto asociarlo de la manera en la que se ha explicado, cuestión que se ve reforzada por el hecho de que en la Ley 2/1985 de Protección Civil y que regula esa actividad en todo el territorio español, se habla en repetidas veces de la seguridad, pero no se hace mención alguna al término de seguridad ciudadana, el cual parece quedar relegado solo para las normativas de ámbito policial.
-Seguridad pública: Para éste término sí disponemos de algunas referencias en diversas sentencias del Tribunal Constitucional, que perfilan a la seguridad pública como un concepto amplio en el que resultarían englobadas la seguridad ciudadana y el orden público.
De tales sentencias cabria destacar la 33/1982 de 8 de Junio, en la cual se establece a la seguridad pública como una actividad dirigida a la protección de personas y bienes, así como al mantenimiento de la tranquilidad y el orden ciudadano. Otras sentencias posteriores del mismo tribunal se expresan en una idea muy parecida, no alejándose apenas del criterio inicial.
Desglosando la definición dada en dicha sentencia, vemos que por un lado se dice protección de personas y bienes y, por otro, se habla del mantenimiento de la tranquilidad y el orden ciudadano. Todo ello no solo afecta al trabajo de la policía, si no que también lo hace al de otras entidades como las de sanidad, cuerpos de bomberos, servicios de inspecciones sobre medidas de seguridad, etc. Esta perspectiva supone incorporar a la seguridad pública las funciones de lo que suele llamarse habitualmente protección civil, tal y como lo refleja otra sentencia del Tribunal Constitucional, la 123/1984 de 18 de Diciembre, que complementa la ya mencionada 33/1982.

Retomando otra vez la Ley 2/1985 de 21 de Enero sobre Protección Civil, a la que podemos usar como referencia para precisar el concepto de seguridad pública, ya hemos dicho que en ella no se cita para nada a la seguridad ciudadana. Sin embargo sí encontramos una clara alusión a la seguridad pública en su exposición de motivos, dentro de la cual la citada ley integra a la protección civil. Además de esto, se expresa que "la protección civil constituye la afirmación de una amplia política de seguridad", dando así por sentada la existencia de varios niveles en tal seguridad.
Con respecto a los distintos estamentos que forman la pro-tección civil, la misma ley 2/1985 dice que "las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, siempre que las circunstancias lo hicieren necesario, participarán en las acciones de protección civil", así como "las Fuerzas Armadas a solicitud de las autoridades competentes", "los servicios de vigilancia, protección y lucha contra incendios" tanto públicos como privados se considerarán colaboradores tambien e, incluso en situaciones de emergencia o calamidad pública, la ley obliga a colaborar a los medios de comunicación social y a los propios ciudadanos mayores de edad.
Por su parte, la Ley 1/1996 de Gestión de Emergencias del País Vasco, que por cierto tampoco alude para nada a la seguridad ciudadana, tiene una sola mención a la seguridad pública en su art. 31.3. Dicho artículo, que versa sobre las funciones de los servicios de prevención y extinción de incendios y salvamento, establece que a esos servicios les corresponde "participar y colaborar junto con otros en las tareas de protección civil y la seguridad pública". Así, parece admitirse una vez mas y por otra Administración pública distinta, que la seguridad pública es un concepto con bastante amplitud para que en él tengan cabida servicios que actúan en diferentes campos de la seguridad.

Por lo tanto y según todo lo indicado hasta aquí, parece confirmarse que existe una seguridad mas elevada que contiene todas las fun-ciones propias de la policía de seguridad, así como las de otras instituciones públicas y privadas con cometidos propios y distintos entre ellas a los de dicha policía. Esto nos lleva a la conclusión final de que esa seguridad incluye los conceptos de orden público y de seguridad ciudadana, a lo que se debe añadir lo que se entiende por protección civil y que, al corresponder a la Administración pública su mantenimiento y garantía, es perfectamente definible como seguridad pública.


24.4.13

CARACTERISTICAS DE LA POLICIA

Como ya se ha puesto de manifiesto varias veces la  policía ha ido evolucionando y modificándose con el paso del tiempo, a la vez que se adaptaba con mayor o menor acierto a las nuevas situaciones socio-políticas de cada época. Su idea conceptual en el marco social correspondiente también ha ido cambiando, tal y como lo reflejan Villar Palasí y Moncada Lorenzo al decir que el concepto social de policía y la Administración pública son cambiantes en el espacio y en el tiempo, es decir, dependerán de cada momento histórico y de cada país. Esta afirmación prueba, además, la interrelación que nunca ha dejado de existir entre la policía y la Administración, que marcará fundamentalmente a la mas importante de las características históricas y que ya veremos después.

Sin embargo, mientras que la policía y su concepto se han visto sometidas a múltiples variaciones por las influencias sociales de la dinámica histórica, podemos ver que hay al menos tres características que se han mantenido mas o menos constantes siempre, pese a los numerosos movimientos producidos por el propio desarrollo de la historia.
Estas tres propiedades características de la policía y de las que hablaremos en el presente capítulo son las siguientes:
-La dependencia de la orientación política.
-La multiplicidad de cuerpos policiales.
-La secular militarización de la policía.

23.4.13

LA POLICIA HASTA HOY

La Ilustración puso de manifiesto que el soberano ya no era, ni tenía por qué ser, el responsable de la felicidad individual de sus súbditos. Ello significó la separación definitiva de la concepción dual de la policía del antiguo régimen, distinguiendo entre una "policía de seguridad", destinada a mantener el orden público y evitar los peligros que amenacen al ciudadano, de otra "policía del bienestar", dirigida a preservar e impulsar el confort público, cuya actividad pasó también a ser desempeñada paulatinamente por diversos órganos de la Administración, pero a partir de ahora con menor penetración en la intimidad del sujeto.




Posteriormente, los importantes cambios experimentados en la policía durante los siglos XIX y XX, ajustaron poco a poco y no sin grandes dificultades, las funciones de la denominada policía del bienestar a la realidad social de cada país y de cada momento histórico, así como las materias que se precisaban regular y su distribución entre los diferentes estamentos de la Administración, incluido el policial. A éste respecto no debemos de olvidar la potestad, sustentada en un deber de servicio público, que la Administración tiene para controlar una gran variedad de actividades privadas de los ciudadanos. Ello le faculta una labor inspectora en muchos campos, a la cual numerosas veces seguimos llamando policía.
Todo esto dio origen a la paulatina aparición de la policía administrativa, a la cual define F. Garrido Falla en su Tratado de Derecho Administrativo como, "el conjunto de medidas coactivas utilizables por la Administración para que el particular ajuste su actividad a un fin de utilidad pública", afirmación que se completa con la de Jordana de Pozas al expresar que es "aquella actividad administrativa que, mediante limitaciones eventualmente coactivas a la actividad privada, se dirige a prevenir los daños sociales de que ésta última pueda derivarse".
Estos conceptos de policía de seguridad y policía adminis-trativa, nos van a acompañar constantemente durante el resto de los capítulos y serán numerosas las veces que serán sacados a colación. Resulta pues importante antes de continuar, tener clara la idea de cada uno de los dos.
Así mismo es conveniente indicar, que dentro de la evolución policial experimentada a lo largo de éste periodo de la historia, la policía de seguridad también empezó a ser llamada policía general y la acción interventora de la Administración, en materia de policía administrativa, comenzó a denominarse policía especial. Ambos términos nuevos son frecuentemente usados en el lenguaje jurídico, pero como las dos formas de referirse a ellas estimamos que son correctas, en el presente libro se ha optado por los citados en primer lugar, por creerlos mas adecuados dentro de un texto policial.
Llegados a éste punto es obligado buscar la diferencia entre la policía de seguridad o general y la administrativa o especial, encontrándola en la capacidad que tiene la primera en hacer uso de la fuerza inmediata para actuar ante una situación manifiestamente ilegal, reconduciéndola a la legalidad sin necesidad de una autorización administrativa previa.



Esta nueva policía administrativa, reminiscencia de la policía del bienestar, supuso a la pluralidad de cuerpos policiales fundados durante ese tiempo, el destinar parte de sus efectivos al control de aspectos no relacionados con la seguridad pública y sobre los que otras instancias de la Administración no se hacían cargo porque, en la mayoría de los casos, el poder político daba preferencia a que ese trabajo fuese hecho por funcionarios de los cuerpos policiales.
Como consecuencia de tal circunstancia, hoy en día todas las policías de seguridad de todos los países y en cada uno de los entes territoriales que pueda reconocerles su Constitución, central, autonómico y local, siguen manteniendo en la actualidad facetas de policía administrativa, que son derivaciones residuales de las funciones de la anterior policía del bienestar. En esa labor podemos observar el necesario intervencionismo de la Administración en los juegos de azar, espectáculos públicos, licencias de obras, licencias de armas, expediciones de DNI y pasaportes, etc., que es ejercido en su ámbito a través de secciones pertenecientes a los cuerpos policiales que actúan en defensa de la seguridad ciudadana.
A nuestro modo de ver, estos posos residuales deberían ser trasladados sin mas dilación a otros departamentos de cada Administración, para dedicar a la policía de seguridad a lo que hoy en día representa su actual concepto, que consiste en dar al ciudadano la seguridad necesaria para que pueda ejercer los derechos y libertades que la Ley le confiere. Ello no disminuiría la eficacia en esas materias hasta ahora tuteladas por los cuerpos policiales de seguridad, ya que existen numerosas áreas administrativas, cuyos controles normativos son realizados adecuadamente por funcionarios ajenos a cualquier cuerpo de policía.

22.4.13

POLICIA DEL ANTIGUO REGIMEN

Ya en el siglo XV y con la instauración del antiguo régimen, el Estado adquiere la fuerza necesaria para centralizar en él todo el poder, asumiendo así la organización de la totalidad de la Administración pública y el control del aparato burocrático.
La policía se ve instrumentalizada por el Soberano, quien la emplea para el logro de sus propósitos, enfocados hacia la obtención y mantenimiento de un poder absoluto. Así se transforma en una útil herramienta a su disposición, destinada primero a eliminar cualquier vestigio del pasado feudal, para después servir como un sistema que desintegre la mas mínima voluntad del individuo por limitar a ese mencionado poder.

En éste periodo, el concepto de la policía se torna otra vez dualista y se amplía nuevamente a otras facetas de la vida ciudadana distintas de la seguridad, haciendo que la policía estuviera en todas las cosas más comunes, amparándose para ello en el argumento de que el príncipe absoluto perseguía la prosperidad y el bienestar personal de sus súbditos.


Sin embargo, su verdadero fin es mucho menos altruista y no es otro que el de ejercer policialmente un poder omnipresente, que aborte cualquier brote de pensamiento que pueda menoscabar ese poder. Así, se abruma a los ciudadanos con innumerables normas en todos los aspectos, las cuales penetran incluso en la esfera de su intimidad más personal. La confusión de funciones, nos dice Nuria Sales en "Los Mossos d'Esquadra en el Antiguo Régimen", hacía que la función policial estuviera en manos de personas que ni eran profesionales ni gentes especializadas en seguridad que, además, dependían de una mezcolanza de organizaciones más o menos institucionales inconexas e independientes entre sí y de orígenes muy variados, pues podían ser eclesiásticos, laicos, militares, órdenes militares, gremiales, etc. Exactamente igual se pronuncia André Bossard (1980) en "Las funciones policiales", cuando dice que "en el pasado, algunas de las atribuciones policiales confiadas actualmente a las fuerzas policiales fueron ejercidas por magistrados, otras por soldados, administradores, jefes locales, señores o servidores personales del soberano".


Al principio, la población agradecía al príncipe sus desvelos por su felicidad y aceptaba con agrado toda esa carga normativa, ya que ella les libraba de los caprichos y arbitrariedades que caracterizaron el periodo feudal, pero pasado un tiempo, cuando ya se hizo patente este doble juego y quedó clara la realidad de sus intenciones, el sistema social quebró, dando origen a un nuevo concepto de la policía y adquiriendo ésta una dimensión mucho mas acorde con lo que hoy és y representa socialmente en la actualidad.
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21.4.13

POLICIA MEDIEVAL

Durante la Edad Media, la disgregación del Estado en pequeños y numerosos feudos gobernados cada uno por su señor, aislados y a menudo enfrentados unos a otros, provocó que la seguridad se dirigiese a evitar las violentas incursiones del señor feudal del territorio vecino.


El mantenimiento del orden interno y la seguridad ciudadana, se encomendaban a las mismas fuerzas que guerreaban contra los otros reinos y que, a su vez, representaban la principal baza coactiva para conservar el poder de cada señor, no existiendo un cuerpo armado sobre el que pudieran recaer exclusivamente esas tareas. Pese a ello, fue en esta época cuando se crearon las Hermandades, de las que hablaremos en otro capítulo más adelante, y a las que algunos historiadores consideran como el antecedente mas real de la policía.

Así pues, la oscura época feudal no produjo ningún impulso en el desarrollo de la policía, entendida como tal desde un punto de vista moderno. Su concepto quedaba reducido a una relación de servidumbre, pactada entre el señor y el vasallo, a quien aquel protegía a cambio de cederle éste su escasa propiedad y de gravarle, además, con fuertes tributos.
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20.4.13

POLICIA Y POLIS

Si retrocedemos hasta la Antigüedad, vemos que el término policía proviene del griego "polis", que significa ciudad, siendo su derivado "politeia", que quiere decir la organización de la ciudad.
Durante toda esta época, se observa que tanto los griegos como los romanos definen a la policía de una manera tan amplia como imprecisa, entremezclando desde nuestra actual perspectiva lo que hoy denominamos policía, con la Administración pública en general. Así podemos ver que para pensadores como Aristóteles la policía es "el buen orden, el gobierno de la ciudad y el apoyo del pueblo". Asimismo, Sócrates dice que "es el alma de la ciudad, lo piensa todo, arregla todas las cosas y procura toda la felicidad a los ciudadanos".

Dichas expresiones, que bien pueden obedecer a que es éste un periodo de acentuada comunión del poder político con la sociedad y en que aquel incide, considerablemente, en la vida cotidiana de las personas, nos presentan ya un panorama con suficientes argumentos para el intervencionismo del Estado a través de lo que se denomina policía, a fin de controlar cuestiones ajenas a la seguridad pública.


Este concepto de la policía es ahora para nosotros una de-finición dualista, pues la perfila por un lado como un elemento de seguridad y, por otro, como un órgano administrativo sobre otras actividades públicas que, en la actualidad, nada tienen que ver con lo que entendemos por policía. De esta forma, ambas civilizaciones consideraban dentro de la policía a cosas tan alejadas de nuestra idea actual como eran el comercio, la religión, la alimentación, la salud, la ciencia, etc., que hoy en día se regulan a través de las diferentes instituciones que la Administración dispone a tal efecto.
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19.4.13

EVOLUCION POLICIAL

Hoy hablamos en el blog sobre la evolución policial y más concretamente sobre la evolución conceptual de la policía.
Lo cierto, es que siempre que se plantea cualquier análisis evolutivo sobre la policía, resulta importante tener en cuenta que ésta, al igual que su concepto representativo, ha evolucionado siempre en la misma medida que lo ha ido haciendo la sociedad a la que sirve, aunque a veces no fueran ambas al mismo ritmo, cuestión ésta última que también se da en otras profesiones y que no es algo único de la policía.
El concepto general de la policía ha ido cambiando y evolucionando con el transcurrir histórico y, evidentemente, no es igual el que hoy en día tenemos de ella con el de hace varias décadas y, menos aún, si lo comparamos con el de siglos atrás.


Por otro lado al mencionar a la policía, enseguida nos viene a la mente de forma automática la imagen de unos agentes uniformados, que se encargan de la seguridad de las personas y de sus bienes. No obstante, el término policía incluye también a la actividad de la Administración en otras facetas distintas a las relacionadas con la seguridad ciudadana, que precisan de un control normativo que las regule. Dicha actividad, en la mayoría de las ocasiones no es ejercida por los cuerpos policiales que tradicionalmente siempre recordamos, sino por funcionarios pertenecientes a otros órganos administrativos distintos.
La pregunta que plantea ésta ampliación del concepto sobre la policía, es qué actividades de la Administración podemos considerarlas como policiales y cuales otras no lo son. La respuesta es posible establecerla en los supuestos donde podamos observar una amenaza del Estado, dirigida a sancionar a quienes no se sometan a la normativa legal de cada actividad. Esto es, donde veamos una coacción por parte de la Administración a hacer cumplir las normas reguladoras.
Como ya veremos mas adelante, a lo largo de la Historia reyes, señores y demás líderes se han servido de todo éste entramado controlador para sus propios fines, especialmente los destinados a mantener su influencia y poder político, utilizando para ello con preferencia a los cuerpos policiales. Efectivamente, al ser estos una fuerza armada jerarquizada con un gran valor coactivo y disuasor, los distintos gobernantes han visto siempre en ellos un dócil instrumento para sus logros de poder, por lo que no dudaron nunca en emplearlos cuando les hacía falta. Haciendo esto propiciaron una grave confusión del concepto de la policía, que se ha ido arrastrando eternamente y que hace imposible aclararlo ahora al estar técnicamente indeterminado y muy viciado ya desde sus comienzos.


Todo esto lo iremos viendo y desarrollando a lo largo de los siguientes puntos del presente capítulo, para lo cual distinguiremos cuatro etapas históricas que nos ayudarán a entender mejor el problema y que son las siguientes:
-La etapa greco-romana.
-El periodo de la Edad Media.
-El antiguo régimen.
-Desde el siglo XVIII hasta nuestros días.

18.4.13

ANTIGUOS POLICIAS

En las provincias de Egipto existían ya unos funcionarios del faraón a los que se les encomendaba investigar los delitos y las infracciones cometidas sobre las disposiciones del monarca, así como castigar a quienes resultaban culpables en sus pesquisas y, todo ello, en un claro ejercicio policial y judicial al mismo tiempo. Dada la importancia que el Nilo tenía en la vida del país, se constituyó una especie de policía fluvial encargada de interceptar a los malhechores que utilizaban el río para la huida después de sus fechorías, así como para el control del tráfico de las mercancías que por él eran transportadas.


También en otras civilizaciones antiguas se han localizado algunas organizaciones cuyos cometidos es posible aproximarlos con los de un cuerpo policial, si bien muchas de ellas se hallaban estrechamente ligadas con lo que podría decirse que era entonces el ejército y, además, siempre con sus funciones muy dirigidas desde el poder político para perpetuar en el mismo al soberano o mandatario de turno. Tal es el caso de las civilizaciones persa, griega y romana, así como las de los imperios chino en Asia e inca en América.
En Grecia fue creada la figura del Custodio, quien tenía asignada la tarea de guardar los textos legales y velar para que los ciudadanos la cumpliesen y que, con el paso del tiempo, dio origen a un cuerpo policial encargado, entre otras cosas, de la persecución de los delincuentes, ejecución de los castigos, custodia del tesoro de la polis y protección de los líderes políticos.
En Roma se establecieron al principio los llamados "aediles" y los "triumviri capitulares", así como el "praefectus", pero fue más adelante cuando se dividió la ciudad en catorce distritos y se puso en cada uno a un responsable de seguridad, naciendo así los "curatores urbis". La vigilancia fuera de la ciudad fue encomendada a los "stiatonari", los cuales pertenecían al ejército romano.


El final de la civilización romana supuso también el final de muchas de las estructuras del Estado, entre ellas la del sistema policial. Las organizaciones policiales existentes prácticamente desaparecieron, pasando a ocuparse de la seguridad, durante toda la Edad Media, las tropas de los señores feudales que lo mismo guardaban el orden interno que combatían contra otros feudos y reinos.

17.4.13

LA APARICION DE LA POLICIA

Los que se han dedicado a estudiar y a analizar los orígenes de la aparición  de la policía, han llegado  a la conclusión de que no se puede establecer, con exactitud, cuándo aparece por primera vez en la historia de la humanidad. Esta circunstancia no es algo particular y único, que se circunscriba en exclusividad a ésta interesante actividad, puesto que lo mismo sucede con muchas otras profesiones y ciencias, algunas de un gran calado social, en las que tampoco se pueden determinar con claridad como fueron sus comienzos. La opinión de Jaume Curbet (1983) al respecto en "Los orígenes del aparato policial moderno en España", es que "no resulta nada fácil establecer el origen exacto de la policía. Especialmente si tenemos en cuenta que, en la misma medida en que se desarrollan las comunidades humanas, aparecen y se multiplican los órganos encargados de mantener el orden, sin que puedan precisarse adecuadamente las sucesivas etapas de su evolución".

La aparición de la policía en la historia surge como algo consustancial al delito, estableciéndose como la respuesta necesaria al problema de la criminalidad que, prácticamente, desde el principio supuso un grave problema social. En la misma línea, si asociamos policía con seguridad llegaremos a la conclusión de que aquella nace con la creación del hombre, pues es lícito pensar que desde los orígenes de la humanidad, la seguridad, en todos sus sentidos, ha sido siempre una constante de primer orden en sus preocupaciones, porque es algo intrínseco a la propia naturaleza de cualquier ser vivo.
Ahora bien, esa inquietud individual no es por sí sola suficiente para hablar de policía, ya que esta requiere al menos que se confíe la protección personal y del grupo en algún miembro del mismo. Esta delegación protectora la podemos observar en muchas especies del mundo animal que se agrupan en colectivos y manadas, dejando la seguridad en manos de un líder que, además, domina sobre el resto de los miembros e impone su autoridad. Por lo tanto, para dar con una actividad a la que pudiera aplicarse le el nombre de policía, resulta necesario encontrar ese factor de delegación que habilite y comisione a otros para tutelar la seguridad del grupo. Ello nos lleva a condicionar la existencia de la policía a la previa constitución de un grupo de individuos.


El ejemplo del mundo animal asienta ésta teoría condicionante y, por otra parte, refuerza el pensamiento de los que afirman que la policía existe desde que existe el hombre, ya que la especie humana, al vivir en comunidad, se ha ido dotando de múltiples normas de conducta y de mecanismos para su control, evidentemente mucho más solidarias aquellas y más sofisticadas éstas que las del resto de las especies, que han ido progresando con el paso del tiempo y siempre en aras de obtener mayores cotas de seguridad. Por tal motivo es factible decir, con toda lógica, que desde el comienzo de nuestra existencia se ha ejercido alguna clase de actividad vinculada a la seguridad colectiva, aunque no sea posible establecer el momento exacto.
Todo esto entronca perfectamente con lo que afirma Turrado Vidal en su reportaje sobre el 175 aniversario de la creación de la policía, publicado en el número 143 de la revista Policía con motivo de tal evento, en el sentido de que se debe distinguir entre competencias de policía y cuerpos de policía. Competencias policiales han existido siempre, porque siempre han existido necesidades de seguridad, como ha quedado reflejado en párrafos precedentes, pero "los cuerpos de policía, como institución, son mucho más modernos, pues han exigido un desarrollo urbano notable". Por consiguiente, resulta obligado tener presente dicho planteamiento al abordar los más remotos orígenes del estamento policial, sabiendo diferenciar la actividad de seguridad de la actividad de un cuerpo policial.
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16.4.13

LA IMAGEN PERSONAL DEL ESCOLTA

Complementando todo lo tratado hasta ahora, seguidamente se van a exponer una serie de cuestiones orientadas a mejorar la labor de los escoltas. Algunas resultan tan obvias que parece innecesario citarlas, pero otras son ingeniosas ideas que pueden ser de notable utilidad en ciertos momentos.

1.-Estética del escolta: La imagen que transmita el escolta tendrá su propia influencia en los resultados finales de su trabajo, y una buena estética contribuirá, sin duda, a mejorar tal imagen. Así, un escolta que proyecte la sensación de ser un buen profesional contará, entre otras cosas, con mayores facilidades para ganarse la confianza del VIP y sus allegados, logrando con ello, por ejemplo, que todos acepten más fácilmente sus consejos e iniciativas.

Para conseguir una estética óptima es ineludible lo siguiente:



-Mantener siempre una higiene perfecta.
-Llevar un vestuario acorde con el del sujeto protegido en cada una de las situaciones.
-En las posiciones estáticas adoptar posturas que no parezcan de relax, abandono o reposo.
-Los movimientos en los desplazamientos a pie tienen que realizarse en consonancia con los de la persona escoltada.
-Debe procurarse que los movimientos y las velocidades en los desplazamientos con vehículo sean normales, evitando brusquedades innecesarias, pues durante el viaje hay veces que el VIP efectúa algún trabajo con su ordenador, lee informes, etc.
-Fumar, beber y comer con moderación. Hacer comidas ligeras para no sufrir somnolencias que perjudiquen la conducción o la atención en la protección.
-Mantener un trato correcto con las personas del entorno del VIP, evitando indebidos excesos de confianza. Ofrecer a todos una imagen profesional y seria de mutuo respeto.
-Guardar con el sujeto protegido una discreción absoluta sobre cualquier intimidad en él observada.

2.-Decálogo de seguridad: A continuación vamos a elaborar un posible decálogo de seguridad, reuniendo en él a las que quizá podrían considerarse como citas de mayor fundamento sobre escoltas y protecciones. Estas citas, en el fondo, no son más que una repetición atomizada de algunas de las cosas explicadas hasta el momento, por lo cual no debe sorprender encontrar en ellas un evidente sentido de reiteración.
-Hay que estar siempre prevenido pero nunca atemorizado. El escolta ha de mentalizarse de que está mejor preparado técnicamente que los agresores y de que cuanta con mejores armas y materiales que ellos.
-Estudiar y analizar las circunstancias, hábitos, costumbres y rutinas del protegido.
-Conocer al máximo las zonas de trabajo y los movimientos cotidianos que se producen en ellas, sobre todo en los puntos críticos de mayor peligro.
-Saber detectar las personas, objetos y situaciones que aparentemente impliquen riesgo.
-Esmerarse en prestar a todo la mayor atención posible.
-Aprovechar las posibilidades que ofrezca el terreno y los elementos de seguridad añadida.
-Utilizar los medios materiales necesarios que se encuentren a disposición del equipo de escoltas, tales como chalecos, inhibidores, etc.


-No dudar nunca en solicitar el apoyo policial necesario si es que se considera preciso.
-Aplicar en su máxima intensidad el principio de ruptura de rutinas, evitando pautas de conducta repetitivas que resulten previsibles a los agresores.
-No perder en ningún momento la capacidad de reacción ante cualquier situación de peligro.
-Interiorizar en el pensamiento que siempre hay que reaccionar ante un ataque.

3.-Usos prácticos: En este apartado se van a mencionar una serie de ideas útiles y costumbres a adquirir en el día a día del trabajo de los escoltas.
-En la vida privada jamás hablar del trabajo ni de los movimientos habituales del VIP.
-Guardar con cuidado y en lugar seguro todos los documentos, llaves y números telefónicos relacionados con el servicio de escolta.

-Mantener en perfecto estado el material y equipo de trabajo.
-Prever siempre un margen de tiempo suficiente para efectuar las habituales comprobaciones y revisiones del vehículo, domicilio del sujeto protegido, etc., evitando que al ir con el tiempo justo no se realicen bien.
-Desarrollar recursos imaginativos en el trabajo, como marcar las tapas de arquetas y alcantarillas con silicona o algo que delate a simple vista que han sido abiertas, o pintar con un rotulador indeleble un pequeño punto en las matrículas de los vehículos que estacionan junto al lugar donde vive la persona amenazada, para saber si hay alguna placa “doblada”, a fin de facilitar con ambas cosas la inspección del lugar en las salidas y llegadas del VIP.
-Seleccionar la posición junto al VIP y adelantarse a sus diferentes movimientos, como por ejemplo sería el anticiparse a él en una entrada o salida de un lugar cerrado.

-Ejercitarse en mirar de forma deliberada a todas las personas de los alrededores, centrando la mirada en ellas fijamente.
-Habituarse a mirar hacia arriba, es decir, a lugares altos como ventanas de pisos, puentes, etc. ya que la tendencia natural en los acompañamientos e inspecciones de zona es la de fijarse solo en sitios no elevados.
-Acostumbrarse a mirar con frecuencia por los espejos retrovisores del vehículo.
-Puede ser de ayuda en los desplazamientos a otra localidad el llevar un plano de ella.
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COMO LOCALIZAR EXPLOSIVOS OCULTOS

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A simple vista, los artefactos explosivos no ofrecen un aspecto tan fácilmente identificable como en principio cabe pensar. Casi siempre se hallan en el interior de un objeto de apariencia inofensiva con la triple finalidad de alojar la bomba en óptimas condiciones de funcionamiento, camuflarse en el entorno y enmascarar su mortífero contenido. En idéntico sentido, cuando los artefactos son vistos fuera de los objetos que los albergan o no han sido introducidos en ninguno porque los agresores así lo han decidido, casi nunca tienen el clásico aspecto que nos ofrecen el cine y la televisión de los típicos e inconfundibles cartuchos de dinamita con un reloj digital marcando la cuenta atrás del tiempo que falta para la explosión.

En la búsqueda de artefactos explosivos se debe huir de tales estereotipos si se quiere tener éxito y plantearse que, para reconocer la bomba, hay que centrarse principalmente en descubrir objetos cotidianos inusuales en un lugar o aquellos cuyo aspecto tenga algo anormal, así como en detectar la presencia en la zona a examinar de cuerpos extraños en los que se vea cualquiera de los precursores y demás componentes ya citados de los artefactos.

La búsqueda de bombas se puede clasificar así:

1.-Búsqueda de artefactos en exteriores: Para buscar bombas en espacios abiertos o al exterior conviene tener en cuenta lo siguiente:

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-Las áreas exteriores que siempre han de ser revisadas directamente por los escoltas son las del lugar donde se recoge y se deja al VIP. También es frecuente que miembros de la escolta participen en la revisión de zonas donde vayan a celebrarse actos públicos a los que aquel acuda.

-A fin de llevar un orden y no dejar nada sin cubrir, se deberá comenzar la búsqueda partiendo de la fachada hasta el exterior, llegando como mínimo a unos 20 m. de distancia del punto por donde salga a la vía pública el sujeto amenazado.

-Mantener permanentemente el contacto visual entre los componentes de la escolta. No utilizar emisoras ni teléfonos móviles para comunicarse durante la búsqueda. Efectuar la comunicación tan solo en vertical.
-En el caso de emplear un perro adiestrado para localizar explosivos, es necesario saber que estos animales no los detectan a una distancia superior a 1,5 metros.

-Inspeccionar todos los elementos del mobiliario urbano que puedan albergar un artefacto, tales como papeleras, contendores, arbustos, etc.

-Comprobar las alcantarillas y arquetas de registro que haya por la zona y sobre las que sea inevitable pasar con el VIP. Conviene recordar mentalmente la posición que tenían sus tapas en la última comprobación para saber si han sido abiertas o no.

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-Atención a cualquier cable extraño tendido por la zona. Si se localiza alguno hay que buscar siempre su origen y averiguar el motivo de su presencia allí.

-Cuidado con las motos y bicicletas estacionadas en el área de búsqueda, en especial si llevan un cajón o bandeja portaobjetos. Determinar a quién pertenecen y si es normal que se hallen en ese lugar.

-Con los coches y furgonetas inicialmente sospechosos se deberá proceder conforme a lo ya explicado para los coches bomba.

-Observar el aspecto externo de todo objeto inusual que se encuentre en la zona de búsqueda, tales como bolsas, paquetes, mochilas, etc., e indagar sobre quién y por qué lo ha dejado ahí.

-Si se localiza un artefacto, o se tienen dudas serias y razonables sobre un objeto sospechoso, se deberá evitar de inmediato todo acercamiento a él en previsión de posibles trampas. Avisar al centro coordinador policial para la puesta en marcha del protocolo de desactivación de explosivos.

2.-Búsqueda de artefactos en interiores: Suelen llevarse a cabo en locales donde se va a celebrar un acto público al cual tiene previsto acudir el VIP. Las pautas de actuación más aconsejables para estas búsquedas son:

-Empezar la búsqueda con suficiente tiempo de antelación, realizándola siempre con el local vacío de gente.

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-Durante la revisión en busca de artefactos es preciso que uno de los escoltas permanezca en la puerta de entrada para evitar que entre alguien, dado que, si no se hace así, un agresor podría acceder dentro y colocar una bomba en una zona ya inspeccionada.

-Es interesante contar con la colaboración y ayuda del responsable del lugar o de algunos de sus empleados, así como de los vigilantes de seguridad si los hubiera. No obstante, salvo que se trate de estos últimos, ninguna revisión podrá ser delegada en ellos.

-En principio, la búsqueda se limitará a las zonas que sean solo de acceso público, pero si hubiese una amenaza previa de colocación de artefacto o existieran motivos que lo justificasen se podrá ampliar a otras áreas de acceso más restringido.

-Es importante que los escoltas se mentalicen de que no hay que fiarse de nada y de que no se debe dar por supuesto que algo es seguro sin antes revisarlo.

-La búsqueda ha de hacerse de forma lenta y sistemática, procurando que cada zona a registrar se inspeccione solamente una vez.

-Dependiendo del tamaño del local y sus dependencias el espacio a revisar se dividirá en dos mitades, registrándolas por separado.

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-Cada estancia será revisada por un solo agente, pero si su tamaño es mayor de 60 metros cuadrados pueden ser dos quienes la realicen, manteniendo entre ellos siempre la máxima distancia posible.

-Nunca utilizar ascensores para desplazarse por el interior del local a registrar, ya que, en caso de explosión mientras se busca el artefacto, la onda expansiva se transmite fácilmente por el hueco del elevador y existe el riesgo de quedar atrapado dentro de él. Tampoco usar emisoras ni teléfonos móviles, siendo preceptivo que las comunicaciones entre los escoltas se hagan en vertical.

-Efectuar la búsqueda de la periferia al centro, es decir, de la parte más externa a la más interna del local y estancias del mismo a examinar. Igualmente, las paredes y demás alturas se revisarán de abajo hacia arriba.
-Una buena técnica a seguir es inspeccionar primero el suelo y sus alturas hasta la cintura del propio agente y, después, hacer lo mismo desde la cintura hasta el techo del local.

-No mover los muebles ni cambiarlos de sitio, aunque los cajones sí pueden ser abiertos para examinar su interior. Mirar bien los huecos del diverso mobiliario, existentes tanto por dentro como por debajo.

-Marcar las habitaciones o dependencias según se vayan registrando para llevar un orden en la búsqueda.

-En caso de localizar un artefacto explosivo comprobar, desde una distancia de seguridad, el aspecto de la bomba y otros detalles de interés. Unicamente si es posible, desde la perspectiva de la seguridad, se podrá retirar la metralla que se hallase adosada a la bomba.

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3.-Búsqueda de artefactos en vehículos. Revisión de seguridad: Esta búsqueda encaja también dentro del concepto de lo que son las medidas de autoprotección, y entre ellas está la llamada revisión de seguridad del vehículo, la cual consiste en lo siguiente:

-Observar que las alarmas siguen conectadas.

-Comprobar que las cerraduras no estén manipuladas o forzadas, incluida la del maletero, pero con especial atención a la del copiloto. Hacer Lo mismo con el contorno de las puertas y del maletero, cerciorándose de que no haya algún trozo de cello o cinta adhesiva pegada y que pudiera tener el mismo color que el del coche.

-Precaución con cualquier cuerda fina o sedal, generalmente algo tensa, que se observe por las juntas de las puertas o las del maletero, o bien por la zona de las ruedas.

-Antes de abrir la puerta y entrar hay que mirar el interior por si hubiera dentro algún objeto extraño, cables sueltos, cambios de situación en los objetos dejados, etc. Hay bombas que pueden verse desde fuera cuando las han colocado debajo de los asientos.

-Inspeccionar los pasos de rueda, los bajos y sus huecos. Si a simple vista no se aprecian bien, usar una linterna de ayuda o un espejo para ver las partes más difíciles. En estos lugares suelen colocarse artefactos explosivos, los cuales se sujetan mediante imanes, bridas, traviesas fijadas al tubo de escape o pulpos elásticos amarrados a un punto propicio. También suelen dejarse mochilas, bolsas o paquetes bajo el coche y que pueden accionar con un mando a distancia.

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En el habitáculo del motor rara vez se han colocado artefactos, por lo que no es totalmente necesario mirar ahí.

-El interior se revisa empezando por el habitáculo del conductor, mirando bajo su asiento. Una vez hecho esto no hay que cerrar la puerta, dejarla entreabierta, pues la vibración producida al cerrarla puede activar una bomba aún no localizada. Repetir esta operación con todas las puertas y el maletero.

-Revisar el interior del maletero y verificar que no haya objetos extraños o que no pertenezcan al vehículo.

-Como al abandonar el vehículo se dejó la guantera cerrada con llave, comprobar ahora el estado de la cerradura y de los bordes de la portezuela, buscando cualquier signo de manipulación o forzamiento. Nunca abrirla si algo de esto es perceptible.

-En caso de localizar un objeto sospechoso nunca se debe tocar ni manipular, ya que el sistema de ignición puede ser muy sensible.

-Como norma general, siempre que se deje el coche oficial sin vigilancia es imperativo realizar la revisión de seguridad.

Aunque el vehículo del VIP no se use para los desplazamientos, periódicamente se efectuará sobre él una revisión de seguridad en los mismos términos señalados para el coche oficial. Hay que tener en cuenta que en el interior de los garajes es más fácil introducir una bomba, ya que allí hay menos gente que en la calle y, por ello, es más difícil descubrir a los agresores cuando están colocando o introduciendo el artefacto explosivo.

4.-Búsqueda de artefactos en la correspondencia: Esta clase de búsqueda ya ha sido explicada al hablar sobre la ejecución de la escolta, dentro del apartado relativo a la correspondencia por correo. En consecuencia, a él hay que remitirse para encontrar las pautas de actuación a la hora de buscar artefactos en envíos postales.