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5.6.12

COCHES BOMBA


 Reciben este nombre los automóviles en cuyo interior se instala un potente artefacto para ser usado contra un objetivo previamente seleccionado. En este concepto se engloban tanto a turismos como a furgonetas de todo tamaño y, dadas sus ventajosas características, es una de las modalidades preferidas por las bandas de la criminalidad organizada para atentar con explosivos. Estos vehículos son obtenidos fundamentalmente a través de su previo robo, aunque también se han llegado a utilizar coches de alquiler.

Cuando se opta por el robo con fuerza, las placas de matrícula originales son “dobladas”, es decir reemplazadas, por otras pertenecientes a un coche de la misma marca, modelo y color. Dependiendo de la infraestructura con que cuenten los agresores, este “doblado” podrán hacerlo con troqueladoras sustraídas a tiendas autorizadas de recambios del automóvil, lo que les da un buen aspecto de autenticidad, o bien empleando métodos mucho más toscos como, por ejemplo, el pegado en letras y números de trozos de un material que los transformen.

Otra forma de robo en la obtención de vehículos es el robo con intimidación a su propietario o conductor para, sin “doblar” las placas, usarlos de inmediato como coches bomba. Este método es utilizado con cierta frecuencia por ETA, en cuyo “modus operandi” dejan inmovilizada a la víctima de la sustracción en una zona rural a fin de que no pueda informar del hecho hasta pasadas unas horas, suficientes para poder cometer el atentado contra la vida del VIP o sus bienes inmuebles.

Aunque no existe una clase de coche especialmente preferencial para este tipo de agresiones, sí suelen guardar todos en común tres particularidades:
-Marcas y modelos muy abundantes en el parque automovilístico nacional, pertenecientes siempre a una gama baja o media pero nunca de los llamados coches de lujo.

-Apariencia discreta y nada llamativos, carentes de rotulación, colores chillones, modificaciones visibles o cualquier otro detalle que los haga resaltar.

-Dado que el artefacto suele colocarse en el maletero, este habrá de tener una capacidad suficiente para albergarlo y, además, que su habitáculo no sea visible desde el exterior.

Para conseguir una mayor efectividad en la explosión, los atacantes diseñan la bomba de manera que la onda expansiva se concentre en una dirección determinada. Para esto, utilizan como recipientes ollas grandes de aluminio, cubos de pintura cuyas paredes se refuerzan con cemento y botellas de butano recortadas, colocando la parte abierta de estos objetos a modo de boca de fuego como si de un cañón se tratase. Con idéntica intencionalidad, en ocasiones han llegado a colocar sacos de arena o de cemento en el lado contrario al que desean proyectar la carga explosiva.

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