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Es difícil encontrar modelos monocorporales y pluralistas en estado puro, pues a menudo hay en ellos algún aspecto que no se cumple para considerarlos de esa manera. En efecto, algunos de los comprendidos en el supuesto monocorporal no abarcan a las policías específicas y en los casos donde el único cuerpo proceda de unificaciones previas de varios, estos, en la práctica, intervienen de modo casi independiente. Por su parte, los modelos pluralistas presentan frecuentes desequilibrios en el protagonismo policial asignado a los diferentes cuerpos, de forma que mientras una policía actúa de manera integral hay otras que no juegan ningún papel relevante en la seguridad interna, con lo que realmente casi puede hablarse de un cuerpo único.
-En la mayor parte de los modelos la labor de policía judicial es desarrollada principalmente por la del tipo funcional, siendo pocas las naciones que han establecido cuerpos expresos de policía judicial adscrita a las órdenes directas de jueces y fiscales, y las que así lo han hecho han optado por que esa fuerza policial no dependa orgánicamente de los jueces, sino de la Administración Central del Estado en una especie de búsqueda de equilibrio entre el poder judicial y el poder ejecutivo por el control de la policía judicial. No se atisba para un futuro un cambio en esta situación que, muy posiblemente, seguirá siendo la misma.
-El reclutamiento y la carrera policial siguen un proceso parecido en todos los modelos. Para presentarse como aspirante hay que tener una estatura mínima, una edad fijada dentro de unos límites y unos estudios generalmente no muy elevados. Las pruebas selectivas más comunes son culturales, físicas y psicotécnicas. Superada la oposición se debe aprobar un curso en una academia policial, que no suele ser inferior a los seis meses, seguido de un periodo de prácticas en la calle durante uno o varios años. Para ascender hay que tener una cierta antigüedad en el puesto anterior, así como superar un curso y unas prácticas por cada grado ascendido. Hay modelos donde el ingreso dentro de la policía solo puede hacerse desde la base y otros que facultan el acceso directo a los puestos de mando a quienes posean determinados estudios superiores.
Esta cuestión, a menudo polémica entre los profesionales, tiene un lado positivo ya que de ese modo se persuade a los licenciados y diplomados universitarios a entrar en la policía, con lo cual esta se abre más al conjunto de la sociedad ayudando a evitar que se convierta en un mundo cerrado y que ocurra lo que Izu Belloso teme cuando dice que "En determinadas ocasiones, este carácter cerrado llega a tener efectos negativos; la pertenencia a cuerpos de policía se restringe a determinados medios sociales, creándose fenómenos de tradición familiar o de origen regional determinado, que llevados al extremo pueden aislarlos del resto de la sociedad" (pág. 164). Sin embargo, el acceso directo al mando tiene también un lado negativo, por cuanto que priva a quienes así asciendan de una experiencia profesional en ocasiones imprescindible para ejercer con acierto una jefatura, al igual que no deja de suponer un freno en la carrera policial de los agentes que empiezan desde la base.
Para solventar este problema hemos visto cómo en los mo-delos que facultan dicho acceso el periodo de formación y prácticas tiene una duración mucho mayor, llegando en algunos casos a ser de hasta cinco años. En definitiva, esta cuestión se puede resolver con una formación teórica profunda y unas prácticas suficientemente extensas, de tal modo que al final del ciclo formativo haya garantías de que el alumno pueda desempeñar bien el puesto de mando elegido.

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