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7.9.11

SEGUIMIENTOS A PIE

SEGUIMIENTOS A PIE

El seguimiento a pie es una modalidad con sus propias características y peculiaridades. Es en él donde más se ponen a prueba la templanza y las dotes de habilidad e ingenio que se deben tener para los seguimientos, pero no es un seguimiento que tenga tanta dificultad como en un principio parece.

Al existir un contacto más directo y cercano con el blanco resulta aparentemente más complicado pasar desapercibido, lo que crea en el policía una cierta sensación de inseguridad que deberá superar, pues una actitud titubeante o nerviosa a buen seguro que terminará por delatarle.

Debe actuarse con movimientos, gestos y ademanes totalmente naturales, como un viandante más que camina por la calle en dirección a su trabajo, su casa u otro destino, o bien que se desplaza efectuando cualquier actividad normal como unas compras rutinarias o un simple paseo.

Si los investigadores se cruzan de frente con el blanco no tienen que dirigirle la vista ni la mirada, procurando pasar totalmente inadvertidos ante él. Nunca hay que mirarle a la cara ni a los ojos, y mucho menos hacerlo fijamente.

Para comunicarse entre los componentes del dispositivo se puede usar un sistema de claves muy simples, compuesto por sencillos gestos normales en cualquier persona, aunque cabe la mala fortuna de que el receptor no haya visto el mensaje y se suscite un problema en el seguimiento, riesgo que se combate con una atención permanente de los miembros del dispositivo policial hacia sus compañeros y con una buena compenetración entre todos ellos. Las emisoras portátiles llaman mucho la atención y no hay que emplearlas nunca fuera de los vehículos sin los reducidos micros camuflados y los auriculares receptores adaptados al oído, si bien son demasiado vistosos y sus cables pueden despertar sospechas, por lo que es mejor utilizar estos accesorios en su versión inalámbrica, aunque también se pueden usar auriculares comunes semejantes a los que se llevan conectados a equipos musicales portátiles y que tan frecuentemente se ven por la calle. Otro medio de comunicación son los teléfonos móviles, pero tienen el inconveniente de que la transmisión no es tan inmediata como la de las emisoras ni puede ser recibida a la vez por todo el equipo del operativo.

Cuando el sujeto seguido se introduzca en un establecimiento público no es recomendable entrar salvo que sea indispensable o existan razones que lo aconsejen, como por ejemplo pudiera ser la sospecha de celebrar una entrevista con alguien. Si se entra en un local donde se necesite pagar una entrada para acceder, deberá abonarse y jamás hay que identificarse como policía para el franqueo del paso.

Dentro de un bar o cafetería, si el agente pide una consumición la pagará nada mas serle servida por el camarero, estando así en disposición de abandonarlo en cualquier momento.

Los datos de direcciones, matrículas, etc., que no haya tiempo de apuntar, o no sea viable hacerlo, se memorizarán hasta que en un momento adecuado puedan ser anotados o comunicados vía alta para su registro escrito por otra unidad o recurso policial.

Los seguimientos a pie pueden hacerse en hilera, en triángulo y en paralelo. Los tres son combinables en un mismo servicio y, al igual que sucede cuando se hace un seguimiento en vehículo, hay que dejar entre el individuo a seguir y el agente varias personas en el medio y una distancia que dependerá de factores como el terreno, el número de viandantes y las condiciones de luz.

Los dibujos que a continuación se plasman ofrecen una visión gráfica de las tres clases de seguimientos a pie mencionados.

Psicología Médico-Forense. La investigación del Delito. Javier Burón (Ed.). Marcel Fernández.


El seguimiento en hilera es el más sencillo y consiste en caminar todos escalonadamente por la misma acera que la del sujeto a seguir.

El seguimiento en triángulo es el de mayor utilización. Dos agentes van detrás del blanco y un tercero por la acera contraria, rotando las posiciones de cada uno pero de manera que siempre quede la misma formación inicial.

El seguimiento en paralelo es el más complicado. Un policía va por detrás del individuo y los otros dos lo hacen paralelamente por calles adyacentes. El inconveniente estriba en que los dos que marchan en paralelo no tienen contacto visual con el blanco y, por tanto, desconocen sus paradas y cambios de trayecto. Esta formación suele emplearse sólo cuando la operación se desarrolla en zonas difíciles, como podrían ser calles poco transitadas, o cuando la persona adopta precauciones para detectar cualquier presencia policial.

Con respecto al número de integrantes del equipo policial cabe decir que no es bueno bajar de tres, estando descartado el seguimiento individual, es decir, hacerlo con un sólo policía, por el riesgo de detección que supone.

Deben idearse sistemas con cámaras ocultas en carpetas, bolsas, etc., fácilmente construibles y que permiten hacer fotografías y grabaciones en vídeo. Actualmente, en el mercado se comercializan cámaras miniaturizadas y cámaras espía que se camuflan como pequeños objetos cotidianos, tales como botones de prendas de vestir, bolígrafos, relojes, etc.


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