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11.9.11

MICROFONOS OCULTOS


OTRAS ESCUCHAS Y GRABACIONES


Obviamente y como se ha mencionado con anterioridad, las conversaciones en las que no se utilice ningún aparato de telefonía no pueden ser consideradas como intervenciones telefónicas, quedando automáticamente excluidas del tema que estamos tratando. Pese a ello, vamos a contemplar también a otras clases de escuchas y grabaciones que afectan a las comunicaciones, debido a la relevancia que en un momento dado pueden alcanzar en una investigación.



1.-Grabaciones propias de un particular fuera del ámbito telefónico

 Las grabaciones no telefónicas hechas por una persona de las conversaciones en las que participe y que, después, son facilitadas voluntariamente por ella misma a la policía, no se hallan sujetas para ser oídas por esta a la previa autorización del juez ni a la del resto de participantes, dando igual que estos supieran o no que estaban siendo grabados. La pega que tienen estas grabaciones es que la jurisprudencia tiende a no admitirlas como prueba de confesión, esto es, en otras palabras, que no acepta como autoinculpación el reconocimiento en ellas de la autoría de un delito por parte de uno de los interlocutores.

Pueden servir como información policial, como prueba indiciaria o de otra clase, pero no como prueba autoinculpatoria.


2.-Escuchas y grabaciones por un particular de conversaciones ajenas sin autorización de los interlocutores

 Al contrario de lo que sucede con las grabacione hechas por un interlocutor, las escuchas o grabaciones intencionadas perpetradas por un particular sobre conversaciones de otros, suponen una clara transgresión del secreto de las comunicaciones si son practicadas sin el consentimiento de alguno de sus participantes. La diferencia estriba en que ahora la persona que escucha o graba no forma parte del grupo de conversadores, diferencia que afecta, dicho sea de paso, por igual tanto a las comunicaciones telefónicas como a las que no lo son.

Para resolver este problema se debe acudir antes al mandamiento judicial, de lo contrario se infringe el art. 197 del CP y, desde luego, todo lo que se obtenga a través de ellas muy difícilmente, más bien imposible, podrá ser aportado al proceso penal.


3.-Escuchas y grabaciones policiales fuera del ámbito telefónico


 En esta modalidad de intervenciones hay que atender no solo al derecho del secreto de las comunicaciones, si no que también hay que hacerlo al derecho a la intimidad recogido en el art. 18.1 de la C.E. y desarrollado en la L.O. 1/1982 del Derecho al Honor y la Intimidad Personal. Estas escuchas y grabaciones se pueden dar en la vía pública, en un local, en un vehículo, e incluso en una vivienda, consistiendo en colocar en el lugar adecuado un micrófono oculto por el que oír y grabar. En cualquier caso, siempre se deberá contar con la autorización judicial pertinente para poder llevarlas a cabo.

Una variante de esta clase de escuchas y grabaciones es la de que sea un agente quien porte el micrófono oculto. La obligatoriedad o no de poseer antes un mandamiento judicial dependerá de diversos factores, entre ellos el del marco procesal en el que se esté actuando y el del tipo de operativo policial. Así, cuando se actúa bajo la figura del agente encubierto constatada en el art. 282 bis de la LECrim., quizá pueda ser necesario tal mandamiento en virtud de lo señalado en el párrafo cuarto del apartado primero del mencionado artículo. De igual modo y fuera ya de esa figura, si la conversación se va a desarrollar en la propia vivienda del individuo investigado podría también ser necesario el mandamiento. En el polo opuesto, si el dispositivo se hace en la vía pública y el micrófono tiene mas bien por objeto dar mayor seguridad física al agente que lo lleva, puede que no sea obligatoria una autorización judicial.

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